Son las once y media de la noche y le das a publicar. La página ha costado tres semanas: fotos propias, precios revisados, un texto que por fin no parece un folleto. A la una de la mañana, en la cama, escribes en el buscador site: y tu dirección. Nada. A las ocho de la mañana, otra vez. Nada. Al tercer día ya has hecho la búsqueda catorce veces y has empezado a mirar el móvil como quien mira una tostada en el tostador.

Escribes a quien te lleva la web. Y llega la respuesta de siempre, esa de cuatro letras: depende.

Y es verdad, depende. Ese es el problema: es verdad y no sirve de nada. Depende de tu web, del ritmo al que Google la visita, de si esa página cuelga de algún sitio o está flotando en el vacío. Lo cual, mirado del derecho, tiene una consecuencia bastante cómoda: si depende de tu web, se puede medir en tu web. Y medirlo no cuesta dinero, cuesta una hoja de cálculo y paciencia.

La prueba: diez páginas, un día, una variable

Se monta en una tarde. Preparas diez páginas y las publicas el mismo día, a la misma hora si puedes. Ninguna se toca después. Y las repartes en cuatro grupos:

  • Con enlace desde la portada y envío manual desde Search Console.
  • Con enlace desde la portada, sin envío manual.
  • Sin enlace desde la portada, con envío manual.
  • Sin enlace desde la portada y sin envío manual: huérfanas del todo, solo en el mapa del sitio.

En la hoja apuntas la dirección, la hora exacta de publicación y las columnas que vas a rellenar después: fecha del primer rastreo, fecha en que aparece como indexada, fecha de la primera impresión. Tres fechas distintas, que no coinciden casi nunca, y ahí está media gracia del asunto.

La regla dura es esta: durante esa semana no cambias nada más. Ni el menú, ni la plantilla, ni le pides a nadie que comparta el enlace. Si el martes metes mano al mapa del sitio, la prueba se ha ido a la basura y no te vas a enterar.

Dónde están las fechas de verdad

Aquí es donde la mayoría se conforma con mirar dónde no hay nada que mirar.

La inspección de direcciones te dice el estado de ahora mismo: si está indexada, cuándo fue el último rastreo, qué versión vio Google. Es una foto, no una película. Sirve para confirmar, no para reconstruir plazos, porque el «último rastreo» se sobrescribe cada vez.

El informe de páginas es el que separa dos cosas que la gente mete en el mismo saco. Cuando algo no está indexado, Search Console distingue entre Descubierta: actualmente sin indexar y Rastreada: actualmente sin indexar. La primera significa que Google sabe que existe y no ha ido a verla. La segunda, que fue, la vio y decidió no meterla. Son dos problemas opuestos: uno es de acceso y ritmo de visita, el otro es de la página en sí. Si tus huérfanas se quedan en la primera etiqueta y las enlazadas pasan de largo, ya tienes tu respuesta sobre si el enlace desde la portada hace algo en tu caso.

El informe de rendimiento es el cronómetro fino. Filtras por dirección exacta, abres el rango de fechas al máximo y miras el primer día con impresiones. Esa fecha no la puedes discutir. Ojo con un detalle práctico: los datos tardan un par de días en cuajar, así que no saques conclusiones el mismo día ni al siguiente. Espera y vuelve.

Lo que Search Console no te dice

Cuatro cosas, y conviene tenerlas claras antes de enseñarle la hoja a nadie:

  • La primera impresión no es la fecha de indexación. Una página puede estar dentro y no aparecer ante nadie durante días porque nadie busca eso, o porque aparece en la página nueve. La impresión es un techo, no el momento exacto. Por eso conviene apuntar las tres fechas y no una.
  • El botón de solicitar indexación no es una orden. Es ponerse en una cola, y con cupo diario. Con diez direcciones vas sobrado; con doscientas, olvídate y tira de mapa del sitio.
  • No te explica el criterio. Verás que una entró en horas y otra tardó semanas, y en ningún sitio pone por qué. Puedes inferirlo comparando grupos, que es justo para lo que sirve montar la prueba con grupos.
  • El histórico se acaba. El informe de rendimiento guarda dieciséis meses. Si haces la prueba y no vuelcas los datos a tu hoja, dentro de dos años no tendrás con qué comparar.

Con poco presupuesto y con mucho

Si vas justo: la prueba entera es gratis. Search Console, una hoja y diez páginas que ibas a publicar de todas formas. El truco es no inventarse contenido de relleno para el experimento, sino usar fichas o entradas que ya tenías en la lista. El coste real es acordarse de rellenar la hoja tres o cuatro días seguidos, y ahí es donde se muere la mitad de estas pruebas.

Si tienes músculo, la versión seria es leer los registros del servidor. Ahí ves cada visita del rastreador con hora y minuto, y descubres cosas que Search Console suaviza: que se pasa el día releyendo la misma sección de siempre mientras las novedades esperan turno. Eso ya no es una tarde de trabajo, y solo compensa si publicas mucho y a menudo.

Lo que haríamos en tu caso

Antes de tocar nada, la prueba. Una semana de datos propios vale más que cualquier plazo que te den por teléfono, incluido el nuestro. Con la hoja delante, mira una sola cosa primero: la diferencia entre las páginas enlazadas desde la portada y las huérfanas. Si es grande, tu problema no es de contenido, es de dónde cuelgan las cosas en tu web, y eso se arregla con el menú y con enlaces internos, no publicando más.

Si no hay diferencia y todo tarda lo mismo, mucho o poco, entonces sí toca mirar el ritmo al que Google visita el sitio entero. Y si algo se queda parado en rastreada, actualmente sin indexar, deja de darle al botón de solicitar indexación: ya fue a verla y ya decidió. Ese es otro asunto, y empieza por abrir la página y leerla como si no la hubieras escrito tú.

Repite la prueba dentro de seis meses con otras diez direcciones. Dos fotos separadas en el tiempo te dicen si vas a mejor, que es la única pregunta que de verdad se responde con números.

Si algo de aquí no te cuadra con lo que ves en tus datos, gana lo que digan tus datos.